Estoy buscando un tesoro! Grito finalmente el muchacho. E incluso con la boca herida e hinchada a puñetazos contó a los salteadores que había soñado dos veces con un tesoro escondido junto a las pirámides de Egipto. El que parecía jefe permaneció largo rato en silencio. Después hablo con uno de ellos:
- Puedes dejarlo. No tiene nada más. Debe de haber robado este oro. Suyos; era el jefe de los salteadores. Pero el muchacho estaba mirando a las Pirámides.
- ¡Vámonos! Dijo el jefe a los demás. Después se dirigió al muchacho-: No va a morir- aseguró- Vas a vivir y aprender que el hombre no puede ser tan estúpido. Aquí mismo, en este lugar donde estas tú ahora, yo también tuve un sueño repetido hace casi dos años. Soñé que debía ir hasta los campos de España y buscar una iglesia en ruinas donde los pastores acostumbraban a dormir con sus ovejas y que tenía un sicomoro dentro de la sacristía. Según el sueño, si cavaba en las raíces de ese sicomoro, encontraría un tesoro escondido. Pero no soy tan estúpido como para cruzar un desierto sólo porque tuve un sueño repetido.
Después se fue El muchacho se levanto con dificultad y contemplo una vez más las Pirámides. Las Pirámides le sonreían, y el les devolvió la sonrisa con el corazón repleto de felicidad. Había encontrado el tesoro.